La
trata de personas es un fenómeno muy antiguo que sólo desde las últimas dos
décadas ha venido saliendo a la luz pública. En otras palabras, estamos frente
a un problema viejo con un nombre nuevo.
Durante
la época colonial mujeres y niñas, particularmente africanas e indígenas, eran
desarraigadas de sus lugares de origen y comerciadas como mano de obra,
servidumbre y/o como objetos sexuales. Pero la trata como problema social
comenzó a reconocerse a fines del siglo XIX e inicios del XX a través de lo que
se denominó Trata de Blancas, concepto que se utilizaba para hacer referencia a
la movilidad y comercio de mujeres blancas, europeas y americanas, para servir
como prostitutas o concubinas generalmente en países árabes, africanos o asiáticos.
En ese momento surgieron las primeras hipótesis en torno a que dichos movimientos
eran producto de secuestros, engaños y coacciones sobre mujeres inocentes y
vulnerables con el objeto de explotarlas sexualmente.
Los
discursos sobre la “trata de blancas” fueron utilizados y hasta cierto punto
monopolizados por el movimiento abolicionista de la prostitución, cuya lucha se
centraba en su erradicación al considerarla una forma de esclavitud de la
mujer. Sus acciones se cristalizaron en la agenda mundial a través de diversos
acuerdos internacionales para la supresión de la Trata desarrollados desde 190
y hasta 19 9, año en que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Convenio
para la represión de la trata de personas y la explotación de la prostitución
ajena.
Al
inicio de la década de los 80, después de varios años de silencio, los
discursos sobre la trata de mujeres con fines de explotación sexual volvieron a
tomar fuerza entre distintos sectores nacionales y supranacionales, debido
entre otras razones, al incremento de la migración femenina trasnacional2 que se
venía gestando desde fines de los años 70, dentro de la cual parece aumentar, o
al menos hacerse más evidente, la incidencia de este fenómeno en casi todas las
regiones del mundo y en muy diversas modalidades. De esta manera la antigua
definición de trata de blancas quedó en desuso por no corresponder ya a las
realidades de desplazamiento y comercio de personas y tampoco a la naturaleza y
dimensiones de los abusos inherentes a este flagelo.
En esa
época, se comenzó a utilizar el término tráfico humano o tráfico de personas
para referirse al comercio internacional de mujeres y personas menores de edad,
sin todavía alcanzarse una definición o concepto consensuado sobre este
fenómeno. Tráfico de personas era la traducción textual al castellano del
término trafficking in persons de los
textos en inglés, los cuales fueron traducidos e introducidos a Latinoamérica.
Como se
verá más adelante fue hasta finalizar el siglo XX que la comunidad
internacional logró establecer una definición más precisa de la trata de
personas.
Asimismo,
los avances tecnológicos han permitido informar con amplitud su expansión y
múltiples formas en todo el orbe. Es frecuente encontrar en los medios de
comunicación y sobre todo en Internet noticias que abordan los siguientes
temas:
• Trata
de mujeres para el mercado matrimonial, entre países asiáticos o desde
Latinoamérica, Asia y África hacia Europa, Japón y los Estados Unidos.
•
Caravanas de mujeres movilizadas en contra de su voluntad o bajo condición de
trata e instaladas en las cercanías de bases militares para entretenimiento y
uso sexual de oficiales y soldados.
•
Mujeres en condición de trata explotadas como mano de obra barata y que
trabajan sin ninguna protección laboral en sectores específicos como el empleo
doméstico o la industria sexual.
•
Mujeres ofrecidas como esclavas en sitios de Internet, donde se les promociona
explicando su capacidad y resistencia al dolor, a la tortura y todo lo que
puede hacerse con ellas.
• Miles
de mujeres atraídas por un supuesto contrato de trabajo rentable y que terminan
destinadas a burdeles o clubes nocturnos de diferentes lugares del mundo.
•
Mujeres y niñas provenientes de áreas rurales que son vendidas y coaccionadas
para llenar la demanda de turismo sexual.
•
Anuncios y promociones turísticos sobre mujeres y niñas exóticas a las que se
puede acceder fácilmente en un vuelo charter con todo incluido.
El
aumento en el número de casos, así como su expansión en áreas que anteriormente
no parecían verse tan afectadas, responde en parte a factores como la globalización,
que ha facilitado las comunicaciones y el acceso a la información. Pero también
a las profundas dificultades económicas que enfrentan muchos países
-especialmente las naciones en desarrollo y las economías en transición- y su
consiguiente inestabilidad socioeconómica, lo que tiende a producir
circunstancias de “expulsión” como el desempleo y/o empleos mal remunerados,
falta de oportunidades educativas y desarrollo social, así como las limitadas
posibilidades de acceso a los servicios de salud y educación. A ello se suman
los cada vez mayores obstáculos a la migración regular y la existencia de
conflictos armados sean estos nacionales o regionales.
Esta
situación aunada a cuestiones como la creciente demanda de mano de obra de bajo
costo en los países de destino, vacíos legales en la mayoría de los Estados y
falta de una visión integral para combatirla, han hecho de la trata de personas
uno de los tres negocios más rentables del crimen organizado después del
tráfico de armas y de narcóticos.



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