La trata
representa sin duda una grave violación de los derechos humanos y la dignidad
de las personas.
Es también una
actividad criminal altamente lucrativa, en la que frecuentemente están
involucradas redes organizadas a menudo asociadas con otras actividades
delictivas como el tráfico de migrantes, el narcotráfico, lavado de dinero y
tráfico de armas. La trata de personas se convierte así en un tema importante de
seguridad nacional e internacional e incluso de salud pública.
El impacto de
la trata en sus víctimas, especialmente en las mujeres y las niñas es
devastador. Además de la coacción y la frecuente violencia física, existen
serias secuelas en las mujeres víctimas sujetas a la explotación sexual, como
es el caso de las infecciones de transmisión sexual, la transmisión del VIH/SIDA,
abortos forzados, la propensión al alcoholismo y al consumo de estupefacientes
e incluso muertes anónimas e impunes a manos de la delincuencia organizada.
Las mujeres
víctimas de trata son socialmente rechazadas pero masivamente utilizadas;
“invisibles” debido a la clandestinidad que las rodea; absolutamente indefensas,
desprotegidas y extorsionadas en todos los aspectos y hasta puntos difícilmente
soportables.26
El impacto
psicológico no es menor, desde la inseguridad y la pérdida de la autoestima
hasta los traumas más permanentes causados por el abuso y la violencia física y
mental. La secuela de daños psicológicos en los niños y niñas víctimas de la
trata es siempre difícil de superar, y en muchos casos irreparable.
El brindar servicios adecuados de salud y atención a
las víctimas de trata no es solamente una obligación humanitaria, sino también
un asunto de salud pública para los países de origen, tránsito y destino.
Debido a que la población en general también queda expuesta a altos riesgos de
salud pública relacionados con la trata, los Estados deberían comprometerse a
la prevención y control de enfermedades en este campo.
Los
problemas de salud pública no sólo surgen en el contexto del contagio por
infecciones transmitidas sexualmente (ITS) y enfermedades infecciosas ‘comunes’
tales como los problemas emergentes y re emergentes de tuberculosis, VIH/SIDA,
y Hepatitis B y C. También puede surgir un riesgo significativo a la salud pública,
si debido a los sistemas de salud diezmados en la mayoría de los países de
origen, llegan ‘enfermedades prevenibles con vacuna’ a los países de tránsito y
destino donde la mayoría del personal médico no ha tenido que enfrentarse con
estas patologías anteriormente.
Nos
encontramos entonces ante un fenómeno complejo que toca múltiples ángulos: la
violencia contra la mujer y la niñez y la violación extrema de sus derechos, la
explotación sexual y laboral que tiende a desestabilizar los mercados internos,
la migración frecuentemente de forma irregular, las redes criminales nacionales
y trasnacionales que son una afrenta para la procuración de justicia, la seguridad
pública y la investigación policial, la educación en especial de los
adolescentes y más en general la salud física y mental de las sociedades.
Todo
esto requiere de una serie de acciones inmediatas capaces de mantener una
visión interdisciplinaria y un enfoque multisectorial que pueda englobar a las
sociedades en sus distintos niveles. En otras palabras, el combate efectivo de
la trata de personas debe mirarse desde una perspectiva integral en la que se
incorporen aspectos de prevención, identificación, atención y protección de
víctimas y procuración de justicia que incluye, entre otros elementos,
legislación y sanción a los tratantes. En los apartados siguientes mencionaremos
algunas claves que si bien, por el grado de especialización pudieran estar
dirigidos a las instituciones públicas y las organizaciones no gubernamentales
que trabajan transversalmente con este tema, resultan también muy útiles para
la participación y conocimiento de la sociedad civil que es también una pieza
clave al momento de detección y/o denuncia.


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